Deshonestidad


Los de siempre frotándose las manos
estarán esperando en su oquedad
a que estos días queden muy lejanos
y así a otros vender su realidad.

Los que se llaman buenos ciudadanos
pretenden desvirtuar a la verdad
con tóxicos mensajes draconianos
que a la postre les son de utilidad.

Los profetas que aciertan el pasado
esperan prestos a poder medrar
y esconder en su cueva lo robado.

Mientras crean los ciegos ignorantes
que las cuentas podrán siempre saldar
seguirán existiendo los farsantes.

Si se muerden las víboras la lengua
les podría el veneno intoxicar,
y a sus mentes el virus que no mengua
les incita a quererse revelar.

Los dilemas tendrán que resolver
pues sumidos están en sus problemas
y si uno está jugando a canciller
otros buscan sucias estratagemas.

Mientras tanto aquí están los habitantes
respetando con cívicas maneras
las normas que nos dan los gobernantes.
Pareciendo estas pautas muy severas
deberemos estar muy vigilantes
de aquellos que usen formas más rastreras.
















La estola

Hacer doble clic en la imagen para escuchar el poema
Este romance nos narra
una aventura amorosa
de aquellos oscuros días
que nos dejaron su impronta
y a la noche de los tiempos
estos versos nos transportan.

Cuentan viejos del lugar
que en una aldea remota
perdida en la Sierra Norte
una joven buena moza
vivía con su familia
gente humilde y orgullosa.

Los vecinos que sabían
de su faz cautivadora
por tenerla tanta envidia
mostraban la paradoja,
de halagarla con los ojos
y juzgarla con la boca.

Una tarde de verano
en fiestas por la patrona
un apuesto forastero
la miraba a ella sola
y la joven le miraba
y la tarde se hizo corta.

Hasta allí llegaba el mozo
con lealtades dudosas
para meditar los votos 
de una fe muy rigurosa
y así recapacitar
de su objeción pecadora.

Mientras iban caminando
con su charla embriagadora
por las calles de la aldea
la niña escucha curiosa
al mozo que quiso hablar
de cuestiones ortodoxas.

A la joven confesó
aunque a él su fe le exhorta
a seguir su vocación
la duda le puso en contra
y tomó una decisión
meditada y dolorosa.

Entre aromas de las flores
la muchacha atiende absorta
sin apenas darse cuenta
llegan hasta una derrota
junto a las eras del pueblo
y de amor allí se colman.

Regresaron deambulando
entre jazmines y rosas
con un beso se despiden
escondidos entre sombras
hasta la tarde siguiente
que se teme algo lluviosa.

La chiquilla quedó en casa,
él, se marchó hacia la fonda
y en el poyo de la entrada
dejó olvidada una bolsa
que la joven recogió
 para guardarla en su alcoba.

Cinco mozos los siguieron
y cuando al fin quedó a solas
le dieron una paliza
y con la cabeza rota
a las afueras del pueblo
lo dejaron sin sus ropas.

Un caminero le vio
en una cañada angosta,
a lomos de un burro viejo
se lo llevó hasta una choza
y cuando se despertó
en su mente había sombras.

Al otro día la joven
a la plaza llegó ansiosa
buscando al apuesto mozo
con tan delicadas formas,
y pasado mucho tiempo
se quedó con su congoja.

De aquel efímero sueño
tan solo quedó una sombra
y en la postergada aldea
cayeron pronto las hojas,
mientras, maduraba el fruto
de aquella noche amorosa.

El recuerdo de esa miel
de los labios de su boca
en la memoria guardó
como un libro a una rosa,
aunque marchiten los pétalos
el aroma siempre brota.

Una mañana temprano
un poco antes de la aurora
salió de casa la niña
de camino hacia la posta
para subir al carruaje
alejándose llorosa.

En sus enseres llevaba
una reliquia valiosa
bien guardada en la maleta
disimulando la bolsa
que se dejara olvidada
el joven de dulce boca.

El trayecto la llevó
hasta un convento de monjas
en aquel claustro ingresó
por ser mujer pecadora
y en su celda se quedó
entre lágrimas muy sola.

La penitencia cumplió
cuando una criatura hermosa
de su seno vio nacer
entre celdas tenebrosas,
y una familia pudiente
el mismo día la adopta.

Cuando regresó a su casa
la miraban de otra forma
y aunque nada sospechaban
al verla vestir de monja
decían entre murmullos,
que cambio ha dado la moza.

Antes de ir para el convento
visita la plaza sola,
la vista lleva perdida
y el recuerdo la incomoda
el flagelo la hizo pura,
la confesión salvó su honra.

Con calma pasan los años,
con rezos mata las horas,
con maitines se levanta,
en la noche escribe glosas
y en el jardín la mañana
se pasa parsimoniosa.

Así transcurrió su vida
entre un claustro y una alcoba,
un jardín con muchas flores,
la capilla y su Señora
donde allí todos los días
a la madre de Dios ora.

Pidiéndola con fervor
que llegue pronto la hora
para poder ascender 
hasta allá donde en la gloria
está esperándola Dios
para bendecir su obra.

Llegando el fin de sus días
esa mujer pecadora
al mundo nada debía
pagado quedó de sobra
el sueño de amor de un día
duerme en su fe religiosa.

Y pasado muchos años,
la anciana no estaba sola 
esperando que la muerte
llegue a por ella a su alcoba, 
velándola un crucifijo 
y el secreto de una estola.

Las monjas acompañaban
a la madre superiora
rezando mientras llegaba
el señor cura a su alcoba
a darle los sacramentos
a quien es de Dios devota.

Un clérigo que ingresó
en el convento de monjas
para orar en su retiro
y por su alma pecadora
marchó a darle el sacramento
con fe misericordiosa.

Al sacerdote señala
con sus manos temblorosas.
- Un favor le ha de pedir
la sierva y de Dios esposa,
vaya allí entre aquellas prendas
a por una vieja estola.

Quiero que usted la bendiga
y me dé con ella ahora,
la sagrada extremaunción
para que el Señor me acoja
y que perdone a su dueño
una pasada deshonra.

Hasta a mi llegó de pronto
y se fue a las pocas horas
sin dar una explicación
dejó una pena muy honda
y el fruto de la pasión
que se marchó con mi honra -.

Mientras reza la oración
se cuelga al cuello la estola
pidiendo inmortalidad
la voz se le distorsiona
pues recuerdos muy lejanos
le llegan y se emociona.

El clérigo quedó pálido
al mirar fijo a la monja
cuando la frente le ungía
vio su faz cautivadora
llegándole las vivencias
de una borrosa historia.

Un rayo se iluminó
en su mente sin memoria
de pronto le recordó
la voz de la religiosa,
los momentos olvidados
tras una noche tortuosa.

Con lágrimas en los ojos
prosigue la ceremonia.
Una celestial sonrisa
al sacerdote le otorga
y tras aquel sacramento,
muere mirando a la estola.


Antonio Nieto Bruna
Copyright ©
17-12-2019




Soneto a los sanitarios


Guantes y mascarillas son sus armas
que usando contra el virus enemigo
se exponen a sufrir un cruel castigo
sin importar que dicen las alarmas.

Y mientras, los humanos tan pequeños
se creen que controlan la existencia
con las formas grotescas de inocencia
que arropan con las mantas de sus sueños.

Aplausos que se dan en homenaje
se transforman en nuestra gratitud
por tantos que demuestran su coraje.

La solidaridad es la actitud
que debemos dejar como mensaje
al quedarnos en casa por salud.




Sórdidos vetos

Siendo el esclavo de un vacuo vocablo
nunca podrías alzar la mirada
mientras la mente la tengas cerrada
con el estiércol que oculta tu establo.

Te sientes centro de un bello retablo
de una pintura en el mundo olvidada
y eres un simple boceto del diablo.

Siendo los dueños de nuestros secretos
te deberías callar lo que piensas
porque tus rabias se harán más intensas
si se acrecientan tus gestos concretos.

Como un misántropo añoras los guetos
aunque te ocultes en zafias ofensas
y te disfraces de sórdidos vetos.







Soneto a la igualdad


Las silenciosas damas feministas
tuvieron que firmar en sus pasados
con los nombres de sus antagonistas
la autoría de obras y legados.

Algunas de ellas menos conformistas
dejaron sus secretos reflejados
ocultos en un mundo de integristas
y en la historia quedaron marchitados.

Mientras tanto los días se pasaron
entre sombras con sueños de equidad 
y en el tiempo sus obras se olvidaron.

Por todo ello hoy queremos recordar
aquellas nobles damas que lucharon
por conseguir con ansia la igualdad.



Antonio Nieto Bruna
Copyright ©
8-3-2020








Villancico minero

Haz doble clic en la imagen para escuchar el poema
Está en la plaza Mayor
una estrella muy fulgente
anunciando la inminente
llegada del Salvador.
En el huerto el labrador
quita de sus muros hiedra
y el Bornova de la sierra
trae el agua transparente
para que el Niño en la fuente
lave el mal de nuestra Tierra.

Ya están llegando los Reyes
subiendo el arroyo Rama
hasta el pesebre de grama
donde acunado por bueyes
el predicador de leyes
trajo un mensaje rotundo
para unos será profundo,
para otros es solo un cuento
y el pecador, de argumento
lo usa en su interés inmundo.

Pastores con sus ovejas
vienen desde el Alto Llano
a ver al Niño Cristiano
que entre luz de candilejas
de casas nuevas y viejas
suben por Santa Cecilia
y en la plaza hacen vigilia
adorando al Redentor
pues dicen que con amor
al hombre lo reconcilia.

Pasan años, pasan fiestas
y la vida va pasando
mientras se nos va volando
buscamos muchas respuestas
y en Las Minas ya están puestas
las luces de Navidad
que alumbran la oscuridad
de este mundo tan sombrío
y esperando pase el frío
deseemos felicidad.








Alegorías

No me tachen de inocente
porque sean inconexos
algunos versos anexos
que me vienen de repente.
Pues todo se hace evidente
cuando la vida da el fruto
del brote que al nacer bruto
marchita las heridas,
con las gotas contenidas
de su esencia y atributo.

El árbol de nuestras vidas
crece recto desde el suelo
y su copa mira al cielo
con las ramas extendidas.
Derechas o retorcidas
a la tierra nos sujetan
las raíces que completan
con sus savias y energías
aquellas analogías
que en el fondo en él vegetan.

Con o sin alegorías
nuestros frutos se desprenden
y mientras ellos descienden
van pasando nuestros días.
Aunque no son garantías
de un sano y buen crecimiento
aun dándoles alimento
todas las dúctiles ramas
quedarán como retamas
a merced de lluvia y viento.

El bosque cubierto en gramas
adorna los verdes prados
con tiempos acrisolados
de bienes y algunos dramas.
Por ello cuando las llamas
amenazan la arboleda
al árbol solo le queda
esperar que pase el mal
y luchando hasta el final
se esconde entre la humareda.

Solo en lo trascendental
en su árbol el ser humano
si no quiere ser profano
busca su razón vital.
Otros en lo natural
basaran sus pensamientos
y en muchos conocimientos
que en la razón han quedado,
por ello nuestro legado
guardará los argumentos.

Buscando los argumentos
vemos en nuestro legado
que en la razón han quedado
los muchos conocimientos
basados en pensamientos
de todo lo natural.
La propia razón vital
hace que seamos profanos
algunos seres humanos
solo en lo trascendental.

Saliendo de la humareda
y luchando hasta el final
busca solución al mal
aunque al final poco queda
perdido entre la arboleda
que han consumido las llamas.
Los bienes y algunos dramas
en tiempos acrisolados
adornaron verdes prados
y al bosque cubre de gramas.

A merced de lluvia y viento
quedaran como retamas
algunas torcidas ramas,
aunque sirvan de alimento
para un sano crecimiento
mientras te dé garantías.
Y van pasando los días
cuando del árbol descienden
los frutos que se desprenden
con o sin analogías.

En el fondo en él vegetan
aquellas alegorías
con sus savias y energías
las raíces que completan
a la tierra nos sujetan
derechas o retorcidas.
Con las ramas extendidas
mirando la copa al cielo
mientras crece desde el suelo
el árbol de nuestras vidas.

De su esencia y atributo
son las gotas contenidas
que marchitan las heridas
del brote que nació bruto
cuando la vida da el fruto
de lo que se hace evidente.
Aunque no lleguen de frente
los versos aquí anexos
porque sean inconexos
no me tachen de inocente.



Antonio Nieto Bruna
Copyright ©
16-12-2019