Cuando el lienzo en blanco desnuda el alma

El pasado 11 de agosto, el Centro Social de la calle Santa Cecilia de Hiendelaencina

se vistió de gala para convertirse en el epicentro del teatro de calidad en nuestra comarca. Vecinos, visitantes y amigos se congregaron para presenciar la puesta en escena de «Arte», una de las comedias dramáticas más inteligentes y punzantes de las que recuerdo haber presenciado. En esta ocasión, la responsabilidad de dar vida al célebre texto recayó sobre los hombros de la compañía ARTEFASTO. La representación llegó a nuestro municipio gracias al patrocinio del Ayuntamiento y de la Diputación Provincial de Guadalajara, bajo la coordinación y organización de la concejalía de Cultura.
La trama de la obra, universal y siempre vigente, arranca con un detonante aparentemente sencillo pero profundamente distorsionador: la compra de un costoso cuadro por una cifra astronómica (30.000 €). El lienzo en cuestión tiene una particularidad que desata el conflicto: es completamente blanco, si bien uno de los personajes insiste en ver en él sutiles líneas transversales de color casi imperceptible.
Lo que inicialmente se plantea como un debate estético y superficial sobre los límites y el valor del arte moderno, no tarda en mutar hacia terrenos mucho más pantanosos. A medida que avanza la obra, el cuadro se convierte en un espejo incómodo y en la excusa perfecta para desenterrar viejos reproches, frustraciones ocultas, dinámicas de poder y los sutiles celos que a menudo corroen las relaciones humanas más duraderas.
El peso absoluto de la función recayó con rotundo éxito en el trío de actores compuesto por Oscar, Tori y Pedro. Interpretar una obra de estas características comporta un desafío mayúsculo, ya que carece de grandes artificios escénicos y se fía por completo a la precisión del diálogo y a la tensión psicológica entre los personajes.
Los tres actores demostraron una compenetración magnífica y una madurez escénica encomiable sobre las tablas del Centro Social. Con un ritmo ágil y una notable naturalidad, supieron guiar a los asistentes por una montaña rusa de emociones que transitó con fluidez desde la carcajada limpia y el humor más ácido e irónico, hasta los instantes de alta vulnerabilidad donde la amistad de toda la vida pareció estar a punto de romperse de forma irreversible.
El evento cultural logró una excelente respuesta por parte del municipio, registrando una entrada de cerca de 60 espectadores en un foro diseñado para albergar a un centenar de personas. Esta notable afluencia de público arropó con calidez el espacio de la calle Santa Cecilia, reafirmando el interés de los vecinos por las propuestas teatrales en vivo. La escenografía, minimalista y centrada de manera casi exclusiva en el misterioso y polémico lienzo blanco, resultó un gran acierto técnico. De este modo, se evitó cualquier distracción visual innecesaria, logrando que toda la fuerza dramática del montaje recayera en las impecables actuaciones del elenco.
Iniciativas de este calibre confirman la gran importancia y el indudable acierto que se tiene por parte de muchas diputaciones a la hora de descentralizar la oferta lúdica y acercar proyectos teatrales de nivel a los pequeños municipios. La compañía ARTEFASTO no solo regaló a Hiendelaencina una profunda reflexión sobre las máscaras sociales que nos imponemos y los verdaderos pilares sobre los que construimos nuestros lazos afectivos. La obra pone al descubierto esa frágil condición humana que empuja a los grupos de personas a distanciarse al menor síntoma de cambio; dinámicas donde el orgullo herido, la falta de empatía o las envidias latentes erosionan la convivencia hasta el punto de empujarnos a buscar cualquier pretexto, por insignificante o abstracto que sea, para dinamitar los puentes y justificar una ruptura inevitable... Sin duda, una cita cultural redonda que merece un lugar destacado en el balance anual de nuestro pueblo y en las páginas de esta edición de El Pregón.


        Un lienzo en blanco que lo cambia todo. Oscar, Tori y Pedro, en un instante de la
        intensa representación de ,«Arte» en Hiendelaencina

Una noche mágica de almas y velas en Santa Cecilia

 

                                         Pulsa para escuchar una de la piezas representadas

Hay noches en las que el tiempo parece detenerse, y el pasado y el presente se abrazan en un suspiro. Eso fue exactamente lo que vivimos el pasado 15 de agosto en nuestra Parroquia de Santa Cecilia. Bajo el sugerente y evocador título «A la luz de las velas», el templo no solo acogió un concierto; albergó un latido unánime, una experiencia mística y sensorial que quedará grabada a fuego en la memoria de Hiendelaencina. La velada, nacida del impulso de la Diputación de Guadalajara y de la entrega absoluta del Ayuntamiento, inauguró un ciclo que promete acariciar el alma de nuestra comarca.

Al cruzar el umbral del templo, la realidad se desvaneció. La penumbra habitual cedió su espacio a un mar de parpadeantes y cálidas velas que transformó la sagrada nave en un refugio de paz, recogimiento y emoción a flor de piel. La atmósfera de la iglesia, despojada de sus luces habituales y bañada por la cálida e hipnótica claridad de los cirios, invitó desde el primer minuto al recogimiento y a la pausa. El concejal de cultura, en unas palabras que brotaron del corazón, dio la bienvenida a vecinos, visitantes y autoridades, agradeciendo la inmensa generosidad del padre Denson por abrirnos las puertas de este hogar común. No fue una introducción cualquiera: sus palabras nos hicieron viajar en el tiempo, recordando que esos robustos muros se levantaron entre 1848 y 1851 gracias a la mítica «fiebre de la plata». Aquellas dimensiones dilatadas, pensadas hace siglo y medio para cobijar a las familias mineras de nuestra época dorada, se convirtieron esa noche en una inmensa caja de resonancia para la nostalgia y la belleza. Y entonces, el silencio se hizo música. El grupo Emmanuel Ensemble, un sexteto de almas virtuosas dirigido con infinita sensibilidad por su guitarrista, tomó el escenario. Dos voces líricas —una soprano y un tenor de una pureza conmovedora—, acompañadas por el llanto dulce de una violonchelista, el vuelo libre de una violinista, la hondura de un pianista y los acordes del director a la guitarra, Manuel Fuentes, envolvieron el templo en una atmósfera casi celestial. Su repertorio, seleccionado con un gusto exquisito, fue un viaje emocional en tres actos:

Pulsaciones clásicas: Melodías de una belleza inmortal adaptadas para cámara, que humedecieron los ojos de más de un asistente por su profunda carga emotiva.

Bandas sonoras de nuestra vida: Un recorrido bellísimo por éxitos del pop y temas universales que forman parte de la memoria colectiva, transformados en puros himnos de melancolía y luz.

Música para el espíritu: Notas que parecían danzar al compás de las llamas de las velas, diseñadas para fundirse con la piedra sagrada y elevar las emociones hacia lo más alto.

La historia que custodian los muros de Santa Cecilia y el calor del público asistente demostró que la cultura de primer nivel tiene un hogar permanente en nuestro municipio. Una noche inolvidable en la que, tal y como deseó el concejal al dar paso a los músicos, la luz y la melodía guiaron las emociones de todos los presentes. Cuando resonó la última nota, el aplauso no fue un mero trámite; fue un estallido de gratitud de un público entregado que sintió cómo la cultura, en su expresión más pura y descarnada, volvía a llenar de vida la historia de Hiendelaencina. Tal y como se deseó al inicio de la noche, la luz de los cirios y el virtuosismo de Emmanuel Ensemble guiaron nuestros sentimientos. Nos fuimos a casa con el corazón encendido, sabiendo que la música había devuelto, por unas horas, el brillo de la plata más pura a nuestra querida Santa Cecilia. ¡Que la cultura viva y vibre por siempre en nuestro pueblo!

                                                                                         Fotografía realizada por David Morales