Hiendelaencina vivió una noche de emoción y música con el ciclo «Patrimonio y Jazz»
El pasado 10 de octubre de 2026, la Iglesia Parroquial de Hiendelaencina
se convirtió en escenario de una velada muy especial. El ciclo cultural «Patrimonio
y Jazz», organizado por el Ayuntamiento de Hiendelaencina, la Diputación de
Guadalajara y la asociación Sigüenzarte, unió la memoria minera de nuestro
pueblo con la sensibilidad y la libertad expresiva del jazz.
Fue una noche mágica, de esas en las que las piedras parecen
hablar y la música se convierte en memoria viva.
Arropados por la majestuosidad de nuestra iglesia de Santa
Cecilia, disfrutamos de una velada entrañable en un templo que es mucho más que
un emblema arquitectónico: es el reflejo de nuestra identidad, el testimonio de
nuestras raíces y una parte inseparable de la historia de Hiendelaencina.
Sus muros nos hablan de aquellos años dorados en los que las
entrañas de nuestra tierra guardaban el preciado brillo de la plata. Nos
recuerdan el esfuerzo, el sudor y la esperanza de tantas personas que, con su
trabajo y sacrificio, forjaron la historia minera de nuestro municipio. Y fue
precisamente allí, entre piedras cargadas de historia, donde ese legado
encontró un nuevo lenguaje: la música.
La profundidad de las melodías, la improvisación y la
emoción del jazz dialogaron con el silencio solemne del templo, creando una
atmósfera íntima en la que pasado y presente parecían darse la mano. Por unas
horas, la memoria de la plata dejó de ser únicamente recuerdo para
transformarse en sentimiento, ritmo y emoción compartida.
Los encargados de hacer posible este encuentro fueron los
integrantes de Carmen 4 Jazz, una formación que nos condujo por un repertorio
de gran sensibilidad, en el que la tradición musical en castellano se funde con
la riqueza armónica del jazz y el carácter íntimo y sentimental que dieron a todo su repertorio.
El cuarteto, liderado por la voz de María del Carmen
Hernando, reunió sobre el escenario el talento de Ariel Brínguez al saxo,
Miguel Garci «Wiwi» al piano y Gastón Joya al contrabajo. Cuatro músicos que,
desde la complicidad y la elegancia interpretativa, dieron nueva vida a
canciones arraigadas en nuestra memoria colectiva.
La propuesta musical, cercana a la idea de unas «Canciones
que vuelven», ofreció una mirada renovada a clásicos populares, rescatando su
esencia y acercándolos a nuevos paisajes sonoros. Su final, fue un guiño a uno
de nuestros insignes, recordado y admirado Poeta, Federico García Lorca, al
cerrar la velada con la popular canción Los cuatro muleros. Otros títulos tan conocidos como Ojos verdes
y un homenaje a nuestras raíces con Quítate niña de ese balcón y Mi tierra,
encontraron en los arreglos y las sonoridades del jazz una nueva forma de
emocionar, demostrando que las canciones verdaderas nunca dejan de
pertenecernos: permanecen con nosotros, atraviesan generaciones y regresan cada
vez que alguien las interpreta con sensibilidad.
La riqueza de esta propuesta residió, precisamente, en su
capacidad para tender puentes entre culturas y épocas. El jazz, con su
intimidad, con su expresividad, con su libertad creativa; y el acervo
popular, con sus melodías reconocibles, convivieron en un mismo espacio, al
abrigo de un patrimonio arquitectónico que también merece ser escuchado,
sentido y vivido.
Porque conservar el patrimonio no consiste únicamente en
mantener en pie nuestros monumentos o reconstruirlos. También significa
llenarlos de vida, abrir sus puertas a nuevas experiencias y permitir que las
generaciones presentes y futuras encuentren en ellos motivos para reconocerse y
emocionarse.
La iniciativa «Patrimonio y Jazz» representa, en este
sentido, una hermosa manera de reivindicar nuestro legado: convertir los
espacios históricos en lugares de encuentro y demostrar que la cultura puede
ser una poderosa herramienta para mantener viva la identidad de nuestros
pueblos.
En Hiendelaencina, donde la plata dejó una huella imborrable
en la tierra y en la memoria de sus gentes, aquella noche la música escribió
una nueva página de nuestra historia. La iglesia de Santa Cecilia volvió a ser
testigo de un encuentro entre el pasado y el presente, entre nuestras raíces y
otros horizontes musicales.
Y cuando las últimas notas se apagaron bajo su bóveda, quedó flotando la sensación de haber compartido algo más que un concierto: una experiencia en la que patrimonio, música y memoria se fundieron en una misma emoción. Porque la plata pertenece a nuestra historia, pero su brillo sigue vivo cada vez que Hiendelaencina se reúne para celebrar su cultura.
Pulsa para escuchar una de las piezas interpretadas

