Aunque el propio personaje se define como cantautor, las conclusiones sobre los hechos incuestionables que a continuación se describen, demuestran que Joan Manuel Serrat es uno de los más grandes poetas contemporáneos.
Es cierto que el propio autor barcelonés ha esquivado recurrentemente, con esa elegancia y humildad que lo caracterizan, la etiqueta rígida de "poeta". Pero los hechos, que son tercos e incuestionables, demuestran que su producción literaria se inscribe por derecho propio en el canon de la gran poesía contemporánea.
Prácticamente la totalidad de sus canciones de autoría propia poseen un alto valor poético y pueden catalogarse como poesía lírica popular, más allá de su faceta como divulgador de grandes poetas como Antonio Machado o Miguel Hernández.
Si nos preguntamos si se le puede catalogar como poeta, la respuesta tiende a ser un sí en lo cualitativo y literario, pero con un matiz fundamental de oficio: por lo que muchos lo catalogarán como un "poeta de la canción" o trovador moderno, más que como un poeta de libro. Otros lo definirán como un poeta sin un apelativo que haga diferenciarle y alejarle de tan noble arte de expresar bellamente sus sentimientos y pensamientos; ello se llama, poesía.
Al observar su obra propia se ve que la poesía es una constante natural en toda su trayectoria.
A lo largo de su carrera, Serrat ha publicado más de 300 canciones. Si restamos sus discos monográficos dedicados a otros autores (Machado, Hernández, Salvat-Papasseit, Benedetti, etc.) y las versiones folclóricas o de otros compositores: Serrat ha escrito letra y música en alrededor de 200 canciones (en castellano y catalán).
En su inmensa mayoría, estas letras cumplen con todos los criterios de la poesía lírica: uso de métrica, rima, recursos estilísticos refinados (metáforas, imágenes, personificaciones) y un profundo calado emocional, social y existencial.
Obras de su total autoría como Mediterráneo, Lucía, Aquellas pequeñas cosas, Penélope, Fiesta, Cançó de matinada o Paraules d'amor son estudiadas formalmente por literatos por la calidad de su métrica e imaginería visual.
Analizar la obra de Joan Manuel Serrat exige una revisión desprovista de prejuicios académicos. Exige, ante todo, el valor de llamar a las cosas por su nombre.
El debate sobre si un cantautor es un poeta (acentuado globalmente desde el Premio Nobel a Bob Dylan) suele dividir a los críticos, pero en el caso de Serrat existen razonamientos sólidos. Los argumentos para catalogarle como poeta se fundamentan principalmente en la tradición trovadoresca: Históricamente, la poesía nació para ser cantada (la propia palabra lírica proviene de la lira). La posteridad tiende a reconciliar la literatura escrita con la oralidad, situando a Serrat en la misma línea de tradición lírica que los trovadores medievales o los poetas populares.
Múltiples académicos y poetas contemporáneos afirman que textos como los de Lucía o Mediterráneo no pierden una sola gota de su fuerza lírica si se leen desnudos sobre el papel, sin el acompañamiento de la música.
La inmensa mayoría de estas piezas no son meros textos de acompañamiento musical; son poemas líricos de profunda raigambre que resisten con solvencia, con orgullo, el test más difícil de la literatura: el test de la página en blanco.
Para demostrar el valor estrictamente literario de su obra propia, propongo hacer una autopsia desapasionada —si es que eso es posible— a las tripas métricas y estilísticas de su obra cumbre: Mediterráneo, publicada en 1971.
Lejos de la estructura plana de la música pop convencional, Serrat despliega aquí una arquitectura de versos de arte mayor combinados con arte menor y pies quebrados. Es decir, dota al texto de un compás interno, de un ritmo poético autónomo.
La canción se cimenta sobre bloques de versos llamados octonarios o hexadecasílabos —de dieciséis sílabas—, y versos octosílabos, —de ocho sílabas—, una métrica vinculada a nuestra poesía tradicional, pues se podrían descomponer en su totalidad a excepción de dos pies quebrados, en versos octosílabos que es la base indiscutible de la poesía popular y tradicional castellana. Estos tipos de versos se adaptan de forma natural al ritmo de la respiración y al habla cotidiana del castellano. Es la estructura principal del romancero viejo y nuevo, las coplas, las redondillas y las décimas. Y Serrat mezcla de forma magistral los hexadecasílabos con los octosílabos y con los dos pies quebrados que actúan como un quiebro, como un desahogo lírico.
Para razonar lo que afirmo, a continuación adjunto la canción en forma de poesía con las estrofas de arte mayor separadas por dos barras en la cesura, para demostrar de una forma conveniente que realmente los versos utilizados en la canción de una u otra forma son octosílabos, aunque algunos estén agrupados en versos octonarios:
Quizá porque mi niñez // sigue jugando en tu playa
escondido tras las cañas // duerme mi primer amor
llevo tu luz y tu olor // por donde quiera que vaya
y amontonao en tu arena // tengo amor, juegos y penas,
yo
Que en la piel tengo el sabor // amargo del llanto eterno
que han vertido en ti cien pueblos // de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul // tus largas noches de invierno
y a fuerza de desventuras // tu alma es profunda y oscura
y a tus atardeceres rojos // se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino
soy cantor, soy embustero, // me gusta el juego y el vino
tengo alma de marinero
¿Qué me voy a hacer?, si yo
nací en el Mediterráneo
nací en el Mediterráneo.
Y te acercas y te vas // después de besar mi aldea
jugando con la marea, // te vas pensando en volver
eres como una mujer // perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme,
ay
Si un día para mi mal // viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca // con un Levante otoñal
y dejad que el temporal // desguace sus alas blancas
y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo
en la ladera de un monte // más alto que el horizonte
quiero tener buena vista
mi cuerpo será camino, // le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista
cerca del mar porque yo
nací en el Mediterráneo.
Al analizar formalmente estos fragmentos, descubrimos el uso impecable de la cesura. Los versos hexadecasílabos de Serrat tienden a dividirse de forma natural en dos hemistiquios de ocho sílabas más ocho sílabas. Esta estructura clásica permite la respiración del cantante y el fraseo melódico, emulando a los poemas que usan versos compuestos divididos en dos hemistiquios como por ejemplo son los versos alejandrinos, pero adaptados al ritmo del compás musical.
Además, Serrat se desmarca de los patrones rígidos de la poesía de casino. En las estrofas largas combina rimas consonantes y asonantes con versos sueltos, imitando la estructura de las coplas y los romances tradicionales del folclore ibérico. Su imaginería visual no necesita de la orquesta: la personificación del mar, la metáfora del destino o la antítesis existencial de la muerte al pedir que lo "entierren entre la playa y el cielo", configuran un poema que funciona de forma impecable de manera autónoma, desnudo sobre el papel.
Reconocimientos institucionales demuestran la autoridad que emana de su persona y de su obra: A recibido el Premio Princesa de Asturias de las Artes, entre otros galardones, precisamente por tender un puente indisoluble entre la poesía formal y la cultura popular.
Y aunque el propio Serrat ha rechazado habitualmente la etiqueta rígida de "poeta" en favor de la de "escribidor de canciones" o "cantautor", su argumento principal lo acompaña con el respeto a ambos oficios:
Puesto que una canción es un arte híbrido donde la letra y la música nacen para convivir. El poeta escribe para la página en blanco y la lectura en silencio; el cantautor escribe para el oído, la voz y el tiempo de la música.
Esta consideración de Serrat como poeta de pleno derecho no es un arrebato de la devoción de quienes hemos crecido con sus discos. Es un consenso refrendado a lo largo de las décadas por el estamento crítico más exigente.
Trayendo por ejemplo, las palabras del recordado Manuel Vázquez Montalbán, quien en octubre de 1972, en las páginas de la mítica revista Triunfo en Barcelona, dejó escrito:
"Serrat no es un poeta que musicaliza sus versos ni un músico que busca palabras que cuadren. Pertenece a esa estirpe extraña de los constructores de crónicas sentimentales urbanas. En textos como 'Lucía' o 'Aquellas pequeñas cosas', la economía verbal y la precisión de la adjetivación alcanzan una altura lírica que muchos poetas de libro de su misma generación desearían para sus antologías oficiales".
O las declaraciones del poeta Luis García Montero, en junio de 2012, para el suplemento Babelia del diario El País, donde afirmaba con lucidez:
"La poesía española de la segunda mitad del siglo XX no se puede entender sin los poetas de la experiencia, pero tampoco sin las canciones de Serrat. Él consiguió algo extremadamente difícil para la literatura culta: devolverle a la palabra poética su condición original de memoria colectiva".
Incluso desde la más estricta ortodoxia académica, el poeta Pere Gimferrer, durante el discurso de investidura de Serrat como Doctor Honoris Causa en Barcelona en abril de 2019, sentenció:
"Hay en la obra en catalán de Serrat, particularmente en piezas como 'Paraules d'amor' o 'Cançó de matinada', una asimilación perfecta de la lírica tradicional que conecta directamente con la herencia de los trovadores medievales. Reducir su aportación a la de un mero intérprete es ignorar que sus textos poseen una consistencia rítmica y una hondura expresiva estrictamente literarias".
Todo ello lleva a la conclusión de que en el futuro, la historia de la literatura hispánica y catalana no podrá explicarse sin su figura. Aunque pudiera ser que Serrat sea recordado en los libros de texto no como un poeta en el sentido académico tradicional, sino como uno de los grandes poetas populares y líricos del siglo XX, demostrando que la alta poesía también se puede cantar. Para mí, Joan Manuel Serrat es un poeta a la altura de aquellos grandes a los que nos hizo querer, respetar y admirar con su música y con su sentimiento. Por ello aporto una modesta poesía en forma cervantina de ovillejo en reconocimiento a todo lo que nos a aportado con sus canciones.
Con alma de trovador,
señor
de esencia libre e inquieta,
poeta,
sus discos tengo en mi estante,
cantante.
Con caminar elegante
honra a la mar con orgullo,
mientras al mundo hace suyo.
Señor, poeta y cantante.
En última instancia, el debate sobre si Serrat debe o no ocupar un sillón en la historia de la literatura formal queda resuelto por la propia naturaleza original de la poesía. Históricamente, la lírica nació para ser cantada al son de la lira; la separación entre el poema leído en silencio y el verso defendido a viva voz es un divorcio burgués y académico relativamente reciente.
Serrat, al recibir el prestigioso Premio Princesa de Asturias de las Artes, no hizo sino confirmar el éxito de su propuesta vital: tender un puente indisoluble entre la alta cultura y el sentir popular.
No pasará a la posteridad por haber sido un poeta de pupitre y biblioteca, sino por algo mucho más universal: por ser el trovador moderno que demostró que la poesía más refinada también se puede silbar en las esquinas de cualquier calle del mundo. Él nos enseñó a amar a los poetas del pasado mientras se convertía, canción a canción, verso a verso, en el poeta de nuestras propias vidas.
