Una noche mágica de almas y velas en Santa Cecilia

Pulsa para escuchar una de la piezas representadas

Hay noches en las que el tiempo parece detenerse, y el pasado y el presente se abrazan en un suspiro. Eso fue exactamente lo que vivimos el pasado 15 de agosto en nuestra Parroquia de Santa Cecilia. Bajo el sugerente y evocador título «A la luz de las velas», el templo no solo acogió un concierto; albergó un latido unánime, una experiencia mística y sensorial que quedará grabada a fuego en la memoria de Hiendelaencina. La velada, nacida del impulso de la Diputación de Guadalajara y de la entrega absoluta del Ayuntamiento, inauguró un ciclo que promete acariciar el alma de nuestra comarca.

Al cruzar el umbral del templo, la realidad se desvaneció. La penumbra habitual cedió su espacio a un mar de parpadeantes y cálidas velas que transformó la sagrada nave en un refugio de paz, recogimiento y emoción a flor de piel. La atmósfera de la iglesia, despojada de sus luces habituales y bañada por la cálida e hipnótica claridad de los cirios, invitó desde el primer minuto al recogimiento y a la pausa. El concejal de cultura, en unas palabras que brotaron del corazón, dio la bienvenida a vecinos, visitantes y autoridades, agradeciendo la inmensa generosidad del padre Denson por abrirnos las puertas de este hogar común. No fue una introducción cualquiera: sus palabras nos hicieron viajar en el tiempo, recordando que esos robustos muros se levantaron entre 1848 y 1851 gracias a la mítica «fiebre de la plata». Aquellas dimensiones dilatadas, pensadas hace siglo y medio para cobijar a las familias mineras de nuestra época dorada, se convirtieron esa noche en una inmensa caja de resonancia para la nostalgia y la belleza. Y entonces, el silencio se hizo música. El grupo Emmanuel Ensemble, un sexteto de almas virtuosas dirigido con infinita sensibilidad por su guitarrista, tomó el escenario. Dos voces líricas —una soprano y un tenor de una pureza conmovedora—, acompañadas por el llanto dulce de una violonchelista, el vuelo libre de una violinista, la hondura de un pianista y los acordes del director a la guitarra, Manuel Fuentes, envolvieron el templo en una atmósfera casi celestial. Su repertorio, seleccionado con un gusto exquisito, fue un viaje emocional en tres actos:

Pulsaciones clásicas: Melodías de una belleza inmortal adaptadas para cámara, que humedecieron los ojos de más de un asistente por su profunda carga emotiva.

Bandas sonoras de nuestra vida: Un recorrido bellísimo por éxitos del pop y temas universales que forman parte de la memoria colectiva, transformados en puros himnos de melancolía y luz.

Música para el espíritu: Notas que parecían danzar al compás de las llamas de las velas, diseñadas para fundirse con la piedra sagrada y elevar las emociones hacia lo más alto.

La historia que custodian los muros de Santa Cecilia y el calor del público asistente demostró que la cultura de primer nivel tiene un hogar permanente en nuestro municipio. Una noche inolvidable en la que, tal y como deseó el concejal al dar paso a los músicos, la luz y la melodía guiaron las emociones de todos los presentes. Cuando resonó la última nota, el aplauso no fue un mero trámite; fue un estallido de gratitud de un público entregado que sintió cómo la cultura, en su expresión más pura y descarnada, volvía a llenar de vida la historia de Hiendelaencina. Tal y como se deseó al inicio de la noche, la luz de los cirios y el virtuosismo de Emmanuel Ensemble guiaron nuestros sentimientos. Nos fuimos a casa con el corazón encendido, sabiendo que la música había devuelto, por unas horas, el brillo de la plata más pura a nuestra querida Santa Cecilia. ¡Que la cultura viva y vibre por siempre en nuestro pueblo!

                                            Fotografía realizada por David Morales

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