Versos a la muerte de mi madre


Todo el dolor que dejo en mi plegaria
con tus manos quisiera yo enjugar 
y que ello me pudiera transportar
a otra vida inmortal e imaginaria,
de aquellos tiempos hoy ya tan lejanos
con días de perpetuas primaveras
soñando con que un día al fin volvieras
y se hicieran los días más mundanos.

Pero ya solo quedan añoranzas 
las que dejan grabadas en la mente
el ayer y una parte del presente 
que marcharon con tantas esperanzas,
por ello dejo aquí mis alabanzas
y pongo el beso que guardé, en tu frente.

Se va contigo parte de mí ser
por esa luz que lleva al Paraíso
hacia un lugar lejano e impreciso
donde podrá tu espíritu yacer.
Ya todo para ti será el ayer
y el hoy es para mí poco conciso
donde el tiempo se irá sin previo aviso.

Y entre el transito suave y sempiterno,
en el lecho de la tumba mortuoria
con mi particular jaculatoria,
ruego que tu reposo sea eterno.

Todo de ti se queda en mi memoria,
hiciste nuestro encuentro más fraterno,
al viajar con tu dulce amor materno
a otro lugar de paz, descanso y gloria.

La pena y la tristeza que me aflige
son las causas de todos los momentos
que quedan abrigando al malestar.
Y el fallo del destino nos inflige
dolor sin darnos claros argumentos
llegando nuestro trance de marchar.

Marchito se ha quedado tu rosal 
con esa tenue brisa del aliento
que el leve céfiro con su lamento
dejó con una exhalación mortal.
Ahora ya me queda el pensamiento,
y si en la vida todo es más trivial
reflexiono de un modo espiritual
y te lloro con mi hondo sentimiento.

Por ello con mis lágrimas quisiera
volver a aquellos días tan amables
donde el futuro era una quimera,
y el ayer, hoy me trae en tu partida
instantes imborrables.

Y así madre querida 
deseo con mis sueños evocar
los momentos habidos en mi vida,
cuando con tus abrazos 
en aquellas pasadas despedidas 
podías a mis miedos alejar.