Romance de un jardín

Erase un bosque frondoso
lleno de muchos aromas
que desprenden los parterres
de unas tierras muy gloriosas.
Si se viese divertida
o puede que algo graciosa
esta fábula bucólica
por llevar rimas su prosa,
al mirar más en su fondo
pudiera no ser graciosa.

En un inmenso terreno
cubierto de mucha fronda
habitan en sus jardines
variedad de fauna y flora,
hay un jardín de claveles
y otros jardines de rosas,
un jardín de tulipanes,
otros serán de amapolas,
uno tiene margaritas
y otro el azulejo adorna.

El altivo lirio quiso
dejar raíz en su zona
y una mustia flor de lis
quedó en una tierra hermosa
rodeada de lavanda,
de silenes tormentosas
y de un gran jardín de iris
donde crecen seductoras
las semillas fraternales
que las plantaran otrora.

Después de una gran tormenta
muy grave y muy desastrosa
entre los claveles rojos
están unas ambiciosas,
criaturas que se proclaman
salvadores de la flora
y lo primero que exigen
es quedarse ellos a solas
con los claveles marchitos
para cortarles las hojas.

Un miserable gusano,
una oruga muy chistosa,
y un baboso caracol
al comienzo de la aurora
en el jardín de claveles
y tras las lluvias copiosas
se ponen a debatir
con la mariquita roja,
una fiel abeja obrera
y una cojonera mosca.

Toma el turno de palabra
y el gusano se alborota,
vehemente en el hablar
exige impongan sus normas
con clásica verborrea
echa espuma por la boca
y dice a la mariquita
que para él, es poca cosa,
porque no quiere quitarse
los lunares ni su sombra.

La mariquita prudente,
tiende la mano y le exhorta
a buscar la solución
con razones poderosas,
y es salvar todo el jardín
de la riada silenciosa
que arrasara aquel terreno
sin respetar fauna o flora,
y asegura que la unión
hará la causa exitosa.

La oruga muy prepotente
se levanta como loca
a contar un chiste tonto
pues se cree que es graciosa,
su repetición parece
efectos de una cebolla,
el aroma qué desprende
hasta al caracol atonta
y con sus babas arrastra
a esta larva tan facciosa.

La abeja que estaba allí
acompañando a la mosca,
al oído le susurra
ofrecerle a la babosa
cosechar juntos la miel
que se hiciera con la flora,
de aquel inmenso terreno
con esas flores hermosas
y poder todos salir
sin oír a esa señora.

El caracol fue al gusano
a decirle que era hora
de aprovechar el producto
hecho por la abeja idiota,
sabiendo que aceptarían
buscó la forma alevosa
de llevarse una vez más
el fruto de la corola,
para comerse la miel
y echarle culpa a la mosca.


Moraleja
Quien te pidiera el poder
sin dar ni una flor a cambio,
no confíes nunca en él
sea rico o proletario.